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LOS NACIONALISMOS


Muchos han sido los teóricos que han tratado de definir el nacionalismo, Kedourie lo definió como una doctrina inventada en Europa al inicio del siglo xix (apud Gellner 1997, 10). Gellner dijo que en el mundo industrial “los dos principios fundamentales de la legitimidad política (para la evaluación de aceptabilidad de los regímenes políticos) son el crecimiento económico y el nacionalismo” (Gellner 1997, 25). Anthony D. Smith sitúa al nacionalismo desde varias vertientes: ideología, lenguaje o sentimiento. Así pues, el término nacionalismo se puede emplear desde varias perspectivas:


1. Como el proceso completo de formación y mantenimiento de una nación o un estado-nación.

2. Como la consciencia de pertenencia a la nación, aunada a los sentimientos y aspiraciones para su seguridad y prosperidad.

3. Un lenguaje y simbolismo de “nación” y su papel.

4. Una ideología, incluyendo una doctrina cultural de naciones y voluntad nacional, así como prescripciones para la realización de las aspiraciones nacionales y la voluntad mencionada.

5. Un movimiento social y político para alcanzar los objetivos de la nación y hacer realidad la voluntad nacional[1].


Sin duda Smith realiza una definición de máximos en cinco puntos. No obstante, se debe admitir que no pueden obviarse ninguno de ellos, ya que todos representan atributos necesarios para completar el concepto general y en el que se pueden acomodar no solo los nacionalismos centrífugos, sino también el nacionalismo centrípeto o integrador y el irredentismo o nacionalismo imperialista que está muy asociado al militarismo y que se dio en el siglo xix en Italia, Alemania o Grecia.


Nacionalismo centrífugo

Además del nacionalismo irredentista existe el ideal de unidad de la patria, motivado en la indivisibilidad de la nación y la justificación, “a menudo por la fuerza” (Smith 1991, 76) de todos los elementos intermedios y diferencias locales en el interés de la homogeneidad cultural y política. El mejor ejemplo sin duda es el caso del Estado francés y su capacidad tras la Revolución para proporcionar una patria de ciudadanos en el que el francés se impuso como único idioma oficial, la defensa de la patria como un derecho y deber ineludible de todos sus miembros varones y el centralismo republicano como la respuesta moderna a las divisiones de corte feudal.


El nacionalismo centrífugo o nacionalismo de segunda generación tiene una definición más sencilla que los anteriores, ya que, en este caso, será una parte de un estado la que se auto considera como una nación en sí misma, negando ese estatus al estado en la que se ubican. Consideran pues al Estado un ente plurinacional o multinacional. Históricamente se enmarcan en los imperios centrales europeos y se dan con menos virulencia en los estado-nación occidentales.


En España los nacionalismos centrífugos se pueden asociar a una evolución del regionalismo y del fuerismo. Este proceso se produjo a finales del siglo xix por múltiples condicionantes. El más importante fue la pérdida de los últimos territorios de Ultramar: Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Aquello supuso que el pingüe negocio que tenían las burguesías vasca y catalana perdiera contundentes beneficios, poco a poco fueron abrazando las ideas de Sabino Arana o Enric Prat de la Riba, teóricos de las corrientes nacionalistas en Euskadi y Cataluña. Ambas teorías se basaban en la raza y en la conservación de los fueros (privilegios otorgados por los reyes a señores feudales por conquistas o por repoblar áreas peligrosas).


Existen muchísimas diferencias entre en nacionalismo vasco inicial y el catalán. El primero se basa en el rechazo a la inmigración de otras partes de España, sobre todo en Vizcaya. El miedo a perder la cultura y tradiciones vascas deriva en una evolución del carlismo hacia posturas xenófobas patentadas por Sabino Arana, que parte de una idea inicial independentista.


Prat de la Riba, en cambio, no busca la independencia, ya que su teoría se basa en una especie de imperialismo pancatalanista, en la idea de someter al resto de España al progreso y cultura de Cataluña. Predica que Cataluña es la patria de los catalanes, y que España es el Estado al que estos pertenecen, negando por tanto a esta última el estatus de Nación. Esta es la razón por la que los nacionalistas emplean siempre el término Estado Español, evitando de ese modo, emplear directamente el nombre de España.




Bibliografía


Gellner, Ernest. Nationalism. London: The Orion Publishing Group, 1997.

González-Pola, Pablo. La configuración de la mentalidad militar contemporánea y el movimiento intelectual castrense. El siglo crítico 1800-1900. Madrid: Tesis Doctoral dirigida por Jesús Timoteo Álvarez, 2002.

Montaño, Luisa. «Unamuno y Arana: La cara y la cruz del nacionalismo vasco.» Cuad. Cátedra M. de Unamuno (Ediciones Universidad de Salamanca), nº 48 (2010): 71-86.

Núñez, Xosé M. «Historia e actualidade dos nacionalismo na España contemporánea: unha perspectiva de conxunto.» Grial: revista galega de cultura, nº 128 (1995): 495-540.

Puell, Fernando. «La trama militar de la conspiración.» En Los mitos del 18 de julio, de Francisco Sánchez Pérez, 55-77. Barcelona: Crítica, 2013.

Smith, Anthony D. National Identity. New York: Penguin Books USA, 1991.


[1] Traducción realizada por el autor. Del libro Nationalism and cultural identity. (Smith 1991, 72)

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1 commentaire


Genial como siempre señor Rivera. Feliz Navidad!!

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